Quedarnos quietos mirándonos a los ojos, aguantándonos la mirada, diciéndonos tanto y a la vez tan poco, sonriendonos al vernos las intenciones.
Siendo tú y yo. Nosotros.
Y es que ahora sin ti, sólo soy yo, o no lo sé, a veces pienso que cuando te fuiste, me llevaste contigo, sin dejar ni un ápice de mi, de lo que era cuando eramos.
Sin ti, la primavera no tiene margaritas.
Ni París la Torre Eiffel.
Sin ti, mi luna deja de dar vueltas sobre tu Tierra.
Y las mariposas que vivían en mi estómago hace tiempo que se extinguieron dejando tras de si unos gusanos de seda que vuelven a echar alas cuando tú decides volver a mi vida. Cuando decides volver a hacerme el lío con esa puta sonrisa y ese hoyuelo que te sale en la mejilla derecha.
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