Aquí estoy una noche más escribiendote. Y digo escribiendote porque todas estas palabras solo tienen sentido si hablan de ti. Al igual que yo.
He perdido la cuenta de las veces que me he jurado a mi misma no volver a caer en tu trampa, ni a enredarme en tus sábanas y sobre todo, no volver a derramar lágrimas por ti.
Pero que quieres chico, si es que prefiero que me hagas daño a que no me toques. Y es que al fin y al cabo,una se acaba acostumbrando al dolor que causa ver tus labios tan de cerca y quedarse con las ganas, o estar metida en tu cama y confundir el calor de tus sábanas con el de tu cuerpo. Eso si que es quedarse con las ganas. Quedarse a nada de serlo todo. De fundirnos en un mismo cuerpo,sin nada de espacio por donde pueda llegar a pasar el aire. De entregarme completamente a ti, en mi mayor esencia,en mi secreto más absoluto. Ya sabes, eso de que sólo tú puedas ser el único dueño tanto de mis orgamos como de mis sueños (y cuantas veces lo habrás sido también de mis insomnios). Y esque, sinceramente no quiero ni un sólo gramo que no sea de tu cuerpo, no quiero complicarme la vida con esto del amor con otra persona que no seas tu. Yo quiero discusiones y luego echar el de reconciliación, entregarme a ti a cualquier hora del día,vestirnos mientras escuchamos tu canción favorita y salir a la calle dados de la mano,comiendonos con la mirada y parándonos en cada nueva calle a besarnos como dos fugitivos. Porque tú y yo somos fugaces pero a la vez eternos,somos la parte viva en una historia muerta.Y es que yo,al final del día lo quiero absolutamente todo, pero sólo lo quiero contigo

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