' Escribo igual que sangro, porque sangro todo lo que escribo. '

jueves, 19 de junio de 2014

Para seguir primero hay que olvidar.

Cuando tu vida depende de elegir si seguir en el fondo o empezar a ser feliz. Cuando ya no queda nada. Cuando el pasado vuelve cada día a recordarte lo que ya estaba medianamente superado. Cuando sólo quieres desaparecer.Cuando estás perdida en todos los sentidos que se puede perder una persona. Cuando vayas donde vayas no hay salida. Ni a derecha, ni a izquierda, ni recto. Siempre vuelves al punto de partida.
Vuelves a recordar cada momento, cada sonrisa compartida, cada abrazo, cada mirada, y sobre todo, cada 'te quiero', porque sí, eran los más bonitos y sinceros que habías oído nunca (o eso creías tú).
Y de repente, como si el destino quisiera jugarte una mala pasada, suena su canción favorita en el aleatorio de tu móvil. Esa que tantas veces le escuchaste cantar a viva voz, desgarrándose la garganta, sintiendo cada palabra que entona como si fuera la lectura del mejor poema que ha escrito nadie nunca.
Te paras a pensar. Reflexionas.
Te das cuenta de que hay pequeños detalles que te marcaron tan tan dentro, que por mucho esfuerzo y empeño que pongas en borrarlos de ti, no lo conseguirás.
Es como uno de esos tatuajes mal hechos que te haces un día de borrachera, o una de esas espinas que se clavan dentro y no consigues quitar.
Intentas seguir a delante y cuando justo estás a punto de olvidarle, cuando ya te has acostumbrado a estar sin él y sin sus besos, vuelve.
Y te das cuenta que por mucho que lo intentes, siempre va a volver, de una manera o de otra.
Y que quizás sea tu culpa por no borrar las fotos que os sacasteis aquel día en el que empezó todo. Por no borrar su numero de tu memoria, y por seguir buscando su matrícula en cada coche que pasa con la esperanza de que uno de ellos sea el de él, que al verte caminar, se pare, se baje del coche, te abrace y te diga lo mucho que lo siente y lo mucho que te hecha de menos, lo idiota que fue dejándote sola cuando más le necesitabas y lo arrepentido que está de haberte roto en mil pedazos.
 Y es que la velocidad con la que coge las curvas, con la que adelanta a cualquier otro conductor, y sobre todo,la velocidad a la que va cuando está enfadado, es la misma velocidad con la que late tu corazon cuando te abraza, o simplemente cuando te roza.
Y es ahí cuando te das cuenta de todo.
Te das cuenta de que seguir no es siempre olvidar.
Que no encontraras en este planeta a nadie que te haga sentir lo mismo.
Que él es el que te hace estar mal, pero también es el único que puede hacerte estar bien.
Y sobre todo, te das cuenta de que te estás empezando a enamorar.
Te sientes extraña. Rara.
No creías que el amor fuera tan doloroso y bonito a la vez.


No hay comentarios:

Publicar un comentario