La felicidad es como una canción de tres minutos, o como el mejor libro que nunca te cansas de leer.
Felicidad es él, en estado puro.
Es verle y saber que sí, que esta vez puede funcionar, que puede ser él el que te devuelva las ganas de volver a sentir, el que despierte en ti cualquier atisbo de esperanza, de ilusión.
Y yo no sé si me lo merezco o no, pero quiero intentarlo, conseguirlo.
Quiero crecer y mejorar junto a él, ver como se le caen las pestañas y estar a su lado para cojersela y que pida un deseo, que me pida a mi cada día.
Puedo asegurar que no hay mejor sensación que la de sentirse querida, y arropada, sentirse única, y el tiene el don de hacerme sentir así, él es mi refugio, mi salvación, mi naranja entera.
Alguien que te regala su tiempo y su momento es alguien que vale la pena, y él merece la merece, merece la pena, las alegrías y la vida entera.
La Luna sigue siendo nuestra, en toda su esencia y estado, y eso nunca va a cambiar, somos nuestros, tuya y mio, nuestros, y eso es lo más jodidamente maravilloso de todo.
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